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3rd of February 2016

Vipassana: Viaje al centro de la mente


Hace unos días hice un viaje. Se podría considerar un viaje paréntesis, una parada en el camino después de más de catorce meses seguidos fuera de casa. Esta vez, sin moverme de sitio llegué a rincones escondidos que nunca antes había explorado: fue un viaje a mi interior, al nivel más profundo de mi mente, durante un curso de meditación Vipassana.

Vipassana significa “ver las cosas como realmente son” y es una técnica de meditación que difundió Buda hace más de 2500 años, aunque en la actualidad no está asociada a ningún tipo de religión o creencia. Es un sistema de autoobservación a través del cual se incrementa el autocontrol y se disuelven las tensiones, con lo que se llega a un estado de armonía. A través de este entrenamiento mental se erradican las impurezas y se alcanza paz interior.

El curso introductorio tiene una duración de diez días y hace falta aceptar unas condiciones muy estrictas: estar diez días en silencio, sin hablar ni interactuar de ninguna forma con nadie; sin leer, sin escribir, sin tecnología, sin drogas, sin sexo, ni nada que se considere un entretenimiento y que, por lo tanto, distraiga la mente. Son diez días de pura introspección.

El curso consta de diez horas de meditación diarias, durante las cuales se desarrolla la técnica siguiendo las instrucciones del profesor: se trata de observar las sensaciones corporales y así ir desarrollando el equilibro de la mente, buscando la ecuanimidad. La primera sesión es a las 4:30 de la mañana y la última acaba a las 9 de la noche. Durante este lapso de tiempo lo único que se hace es meditar, meditar y meditar, exceptuando las pausas para el desayuno y almuerzo vegetarianos – no hay cena, solo dos frutas a las 5 de la tarde como última comida del día para una purificación mental y corporal completa.

Los tres primeros días se invierten en calmar la mente focalizando la atención en la respiración, y al cuarto día empieza la técnica Vipassana propiamente dicha. Aun así, hay días en los que notas que no avanzas, compensados por días en los que sientes que estás desarrollando la técnica debidamente. También hay días en los que necesitas un masaje urgentemente, días en los que sueñas con hamburguesas dobles y días en los que simplemente echas de menos unas risas con los amigos.

Sin duda, para superar el curso con éxito hace falta una buena dosis de determinación: tanto los dolores físicos por estar tantas horas sentado con las piernas cruzadas como una mente dispersa o la falta de motivación pueden ser una barrera que convierta la estadía en una tortura.

El Vipassana Meditation Centre de las Blue Mountains, cerca de Sídney, es el típico lugar en medio de la nada perfecto para un retiro de estas características. En realidad, todo tiene lugar en la sala de meditación, donde tantas horas pasamos las 40 mujeres de diferentes edades y nacionalidades que el destino quiso juntar.

Al décimo día, cuando se rompió el silencio noble, el comedor se convirtió en un gallinero después de tanta contención. Pudimos oírnos las voces, comparar la imagen que nos habíamos creado las unas de las otras con la realidad, intercambiar opiniones y por fin compartir esta experiencia tan individual, en la que descubrí que observar es importante pero observarse es imprescindible.

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