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voluntariado_marruecos
4th of December 2014

Voluntariado en Marruecos


Once voluntarios de la asociación DIAS de Esplugues de Llobregat, Barcelona, participamos en un proyecto de cooperación internacional en Timerssit, Ait Melloul, sur de Marrakech, para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes mediante actividades en torno a los problemas sociales globales. Una experiencia transformadora con una buena dosis de aprendizaje intercultural por inmersión en estado puro.


Después de haber recorrido los 300 km que separan Marrakech de Ait-Melloul, nos adentramos en el pequeño barrio de Timerssit en busca de una calle aún desconocida. El conductor, dubitativo, va tan despacio que empezamos a intercambiar miradas con algunos niños que se acercan expectantes. Nos reímos al divisar las primeras camisetas del Barça. De repente, la puerta se abre y alguien se sube al microbús: “¡Bienvenidos, voluntarios!”, grita con un castellano admirable Mohamed, el responsable de la asociación local Amal. Parece el augurio de una buena estancia. Tan buena que la hospitalidad de los timerssitienses cuesta de creer. Pocos segundos después de haberme bajado del microbús con mi equipaje, un joven canijo me agarra la maleta y se va escaleras arriba sin decir nada. Entono mi primer shukran (gracias).

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En tanto, los niños más curiosos del barrio se van congregando delante de la casa de los voluntarios, riéndose por lo bajo, mostrando ganas de interactuar. Con tanta novedad, da la sensación de que es un día señalado no sólo para nosotros. Nos acercamos e intercambiamos algunas palabras y sobre todo señales de lenguaje no verbal. Al mismo tiempo, otros jóvenes acaban de pintar las jardineras de la calle con dibujos coloridos, una original iniciativa que vemos también en varias paredes de los edificios de Timerssit, incluyendo los espacios donde se desarrollan las actividades del proyecto de la asociación DIAS: la escuela de verano.

Es media tarde, ya ha pasado la hora de comer; aun así, una vez instalados nos invitan a casa de unos vecinos. Nos sentamos, descalzos, en los divanes, alrededor de las dos mesas de un amplio comedor decorado en azul. Toca practicar las costumbres marroquíes en la mesa: vaso y plato en el centro, compartidos con el resto de comensales, y nada de cubiertos, con un pedazo de khobz (pan árabe) vamos cogiendo del tajín de kefta con huevos. Divertido y delicioso. Los locales nos cuentan que una vez te has comido cuarenta de sus panes ya te consideran marroquí. Reto aceptado. Para terminar, cómo no, un dulcísimo té con menta y pastitas. El segundo shukran va para las cocineras que, hasta entonces escondidas, nos despiden al marcharnos.

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Al mismo ritmo que cae el sol, las calles de Timerssit se van llenando de pequeños que corretean, de mayores que toman el fresco delante de sus casas y de burros que vuelven a sus establos a desprenderse del pesado carro. Los voluntarios de Amal trastean para tenerlo todo listo para la fiesta de inauguración de la escuela de verano, que es esta noche. El centenar de niños apuntados y sus familias asisten a las actuaciones que la asociación local ha preparado para darnos la bienvenida. Los voluntarios, sentados entre el público, quedamos rápidamente rodeados de críos risueños que nos preguntan una y otra vez: “Comment tu t’appelles?”. Convertidos en el centro de atención, empezamos a memorizar decenas de nombres árabes sirviéndonos de las reglas nemotécnicas más inverosímiles. Ahmed, Fátima, Ayoub, Issam, Hadija (¿o era Hamisa?), otra Fátima…

Antes de dar por terminado el primer día en Timerssit queda hacer la reunión de voluntarios. Los once nos ponemos a ultimar detalles de las dos semanas que nos esperan en la escuela, donde contaremos con la colaboración de los jóvenes voluntarios locales para salvar barreras lingüísticas. ¿El hilo conductor? Cuatro problemas sociales globales (medio ambiente, migraciones, género y nuevas tecnologías) que se trabajarán transversalmente en todas las actividades programadas: desde talleres de manualidades, juegos y actividades de sensibilización hasta debates y clases de idiomas (castellano, inglés y francés) para los mayores.

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El planteamiento del proyecto no es tanto el hecho de enseñar sino de intercambiar conocimientos y perspectivas, transmitiendo valores como la igualdad, el empoderamiento, la justicia y la transparencia. La clave está en que las generaciones jóvenes reflexionen sobre los problemas sociales planteados para que, una vez finalizado el proyecto, puedan aplicar las habilidades adquiridas para mejorar las condiciones de su barrio. Entre tajín y tajín, los unos aprenderemos de los otros, compartiremos experiencias nuevas y, con un poco de suerte, los voluntarios nos marcharemos habiéndonos comido esos cuarenta panes.


DIAS – Desarrollo, Inclusión y Acción Social, es una entidad catalana de iniciativa social no lucrativa fundada en el año 2012 fruto de un proceso de gestación de siete años, durante los cuales sus actuales miembros adquirieron la suficiente experiencia para crear su propia asociación. Con sede en Esplugues de Llobregat (Barcelona), DIAS colabora con colectivos en situación de riesgo social tanto el área metropolitana de Barcelona como en comunidades internacionales, favoreciendo el aprendizaje intercultural, la participación activa y la transformación social hacia una sociedad mejor.

Email: info@dias.cat

Web: http://www.dias.cat

[texto publicado en la revista de viajes RGB]

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